DE LA SELVA SU ENCANTO
Imagino que todos los lugares del mundo tienen algún encanto, vivo desde hace casi siete años en Loreto –Perú, y conozco gran parte de su territorio y puedo decir que esta lleno de paisajes bellos, diría paradisíacos.
La manera de viajar por este departamento del oriente peruano es navegando por los ríos, en esa travesía se puede contemplar los distintos momentos del día, cada uno con una belleza singular.
Entre los principales ríos loretanos tenemos el Amazonas, que es el más caudaloso del mundo y nos lleva hasta la frontera de Perú con Brasil y Colombia.
El río Marañón, es el que rodea la inmensa Reserva Nacional del Pacaya Samiria, único lugar en el mundo donde podemos ver animales de la selva en su habitad, incluso los que están en peligro de extinción. Uno de los pocos pulmones de la tierra.
El río Ucayali, que atraviesa Requena, conocida como “El Atenas del Ucayali”, por ser la provincia más antigua del departamento y por ser la cuna de escritores y poetas, que desde sus ancestros tratan de incentivar la cultura en esta región del pais
El río Putumayo, es el que une al Perú con Ecuador, y es cruzado por varios ríos de menor tamaño como los ríos Tigre y Napo.
Cuando se viaja por cualquiera de estos ríos, durante la mañana el verde del paisaje es tan intenso que pareciera que la vegetación no tiene separación con las aguas, es como estar dentro de un gran túnel verde.
Al medio día el reflejo del brillo solar hace que el río parezca un gigantesco espejo donde es fascinante poder contemplarnos dentro de la embarcación en la cual nos transportamos.
Cuando comienza a caer la tarde en el cielo se puede ver toda la gama de rojos que puedan existir, desde el candoroso rosa hasta el rojo salvaje, con algunas pinceladas de lila y anaranjado.
Debo confesar que el atardecer loretano es tan bello que dudo que pintor famoso pueda reflejar tan lindo espectáculo, más aun si por ahí asoma un arco iris.
El espectáculo se completa con el vuelo de miles de loros y guacamayos de todos los colores que en ese momento buscan su nido, el revoloteo es tan fuerte que da la apariencia de ser un tornado que se pierde en la vegetación que rodea el río en que viajamos.
Al llegar la noche, millones de estrellitas y luceros con su intermitente parpadear nos hacen sentir que estamos navegando en un lugar del globo terráqueo donde aun se respira aire puro y se contempla paisajes similares a los que desde niños veiamos en los libros cuando nos indicaban el paraíso terrenal.
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